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En este punto nos rendimos ante Dios y reconocemos que Él es el único juez que puede hacer lo que es justo y entregamos a Dios nuestro legÃtimo deseo de venganza. ¿Por qué decimos legÃtimo deseo de venganza? Pues Dios nos ha configurado con una noción de justicia y este instinto nos conduce a desear que aquellos que nos han ofendido reciban exactamente el mismo daño que nos han causado.
Creo que esto es parte de nuestro instinto de conservación. Pero debido a que nosotros mismos hemos ofendido a otros, hemos sido descalificados para hacer justicia por nuestras propias manos y debemos dejar lugar al justo juicio de Dios.
Regresando al ejemplo que usamos al inicio de este capÃtulo, es en este momento que usted entrega al reo a la justicia. De esa manera se libra usted del peso emocional de tener que hacer justicia y usted puede descansar sabiendo que Dios lo hará.
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